Texto: Nutricare.
El ser humano por razones endógenas (internas) y exógenas (ambientales o externas) está sometido constantemente, y en todos los tejidos, a una agresión oxidativa que indiscriminadamente ataca a todas las moléculas que existen en la célula, estén más o menos recónditamente localizadas. Este daño oxidativo acabaría rápidamente con la vida del organismo si éste no dispusiese de eficaces sistemas antioxidantes que asimismo se disponen en todos los tejidos y en todos los niveles de la intimidad celular. No obstante, el organismo nunca va a disponer de una capacidad antioxidante que pueda neutralizar totalmente la agresión oxidativa, de tal modo que, puede afirmarse, que nos encontramos en un permanente estado de estrés oxidativo. El daño oxidativo a través de compuestos muy oxidantes es responsable en mayor o menor grado de causalidad, de un gran número de enfermedades, y asimismo una cantidad no despreciable de enfermedades conducen a la formación de compuestos con gran capacidad oxidante, que acaban generando agresiones al organismo y por tanto enfermedad.
Las enfermedades relacionadas con los radicales libres son las más frecuentes en el mundo socioeconómicamente desarrollado. Asimismo el propio envejecimiento es el resultado del daño oxidativo que sucede al azar a lo largo de la vida, proceso que puede agravarse y acelerarse por la presencia de enfermedades como las indicadas, que también están asociadas a la agresión oxidativa. La lista incluye enfermedades como la hepatitis, la basculitis, la embolia, las vasculitis, el párkinson, la esclerosis o el alzheimer, entre otras. Conocer cómo poder minimizar o atenuar en lo posible el estrés oxidativo, pasa por saber cómo se producen los productos oxidantes o radicales libres, y suministrar a la célula la máxima capacidad antioxidante. La formación de radicales libres puede producirse por causas endógenas y exógenas. Entre las primeras destaca la utilización de los nutrientes hidratos de carbono, proteínas y grasas para obtener energía que se hace mediante oxidación de los mismos, pero que desgraciadamente va acompañado de producción de los citados radicales libres. Sobre este proceso podemos actuar tan sólo manteniendo una dieta austera, evitando excesos alimenticios y manteniendo un adecuado peso corporal.
Otra causa endógena son las infecciones y agresiones caracterizadas por la presencia en el organismo de agentes extraños, que se combaten mediante una gran producción de radicales libres que destruyen dichos agentes, pero también dañan los tejidos sanos que están en la vecindad de los mismos. Evitar infecciones (bacterias, virus, parásitos) y lesiones de cualquier tipo, es una forma de atenuar el riesgo oxidativo. Por último, una importante fuente endógena es la ingestión de sustancias extrañas en la alimentación que desgraciadamente están presentes (insecticidas, contaminantes diversos, etc.). Buscar, dentro de lo posible, alimentos menos contaminados y alterados, es otro objetivo a tener en cuenta.
Producción de radicales libres
Existen diversas causas exógenas de producción de radicales libres, pero el tabaco, la polución atmosférica y la toma excesiva o indiscriminada de medicamentos, pueden considerarse como las más destacadas. Evitar estas causas ayudará también a reducir la agresión oxidativa. Por otra parte, además de adoptar ciertas medidas como el mantenimiento de un peso adecuado, evitar infecciones y agresiones tisulares de cualquier tipo, cuidar la ingesta de sustancias extrañas, eliminar el hábito de fumar, etc., se puede actuar contra la agresión oxidativa, tal como se indicó previamente, proveyendo a las células de mayor capacidad antioxidante. Esto a su vez se puede lograr a través de un doble mecanismo, la provisión de antioxidantes y la formación de unas membranas celulares con una menor vulnerabilidad oxidativa.
Función antioxidante
En cuanto a los antioxidantes son muchos los que actúan como tales en el organismo, y además de naturaleza química distinta. En este sentido, diversas proteínas tienen una importante función antioxidante, y entre ellas algunas son enzimas capaces de acelerar reacciones que eliminan los radicales libres más frecuentes; otros, por el contrario, no tienen ese carácter, estando presentes en la sangre donde ejercen la citada función antioxidante. Lograr que existan esas proteínas presentes en el organismo antioxidante es fácil, ya que ellas se forman en nuestro cuerpo haciendo sólo falta que haya una adecuada ingestión de proteínas a través de la dieta, cosa que ocurre normalmente y de sobra con nuestra alimentación habitual. Además de las proteínas con carácter antioxidante existen otras sustancias de naturaleza no proteica, sino más bien de carácter vitamínico, y que tienen como característica más diferencial y especialmente importante, el que no se forman en el organismo debiendo ser aportados obligatoriamente en la dieta, es decir, son nutrientes esenciales. Son los tradicionalmente denominados antioxidantes, que se indican a continuación. Se pueden agrupar en tres tipos, en función de su naturaleza química.
•Por una parte tenemos compuestos con carácter vitamínico clásico, como son las vitaminas C (o ácido ascórbico) y la vitamina E (o 8-tocoferol)
• Un segundo grupo estaría compuesto por lo denominados carotenoides, entre los que destaca el ß-caroteno. También son dignos de considerar el 8-caroteno, ¥-caroteno, licopeno, criptoxantina y luteína. • Por último, existe un tercer grupo, de consideración muy actual, que se puede englobar dentro de lo que se denominan compuestos fenólicos, que incluyen flavonoides, taninos, estilbenos y lignanos.
Molécula clave
De una manera aislada, en el momento actual, merece una consideración especial, otro antioxidante, el coenzima Q o ubiquenol, que además de esta característica, es una molécula clave en la obtención de energía a partir de la oxidación de los nutrientes. Todos estos antioxidantes esenciales son los que hoy centran el interés, dado que parecen ser agentes preventivos de enfermedades tan frecuentes en nuestro mundo como el cáncer, y la enfermedad cardiovascular. Uno de los aspectos más sobresalientes respecto a estos antioxidantes, es que su aporte se puede lograr en su totalidad a través del grupo de frutas, verduras y hortalizas, del aceite de oliva, especialmente el virgen, y de una ingesta moderada de vino o cerveza y té. Ningún otro grupo de alimentos tiene esa capacidad, lo que hace que en la situación de estrés oxidativo que caracteriza nuestra vida, este grupo adquiera actualmente una especial y trascendental relevancia, siendo obligada una buena ingesta de los distintos alimentos que lo componen.
Es obligado advertir, para finalizar este artículo, que la mejor manera de suministrar los antioxidantes antes enumerados, es a través de los alimentos indicados. La toma de suplementos como complejos vitamínicos, sólo debe hacerse cuando se tiene constancia de que el individuo puede presentar deficiencia de los mismos. En caso contrario, una suplementación especialmente excesiva, no solo no ayuda a la defensa antioxidativa, sino que puede generar efectos nocivos.
Antioxidantes, en línea con NutriCare
La oxidación, la agresión ambiental y el quebranto anímico nos acechan sin cesar, el organismo planta cara y batalla, frente a los mismos, para poder superar su nefasta actuación pero, cual aguerrido luchador, debemos proveerlo de armas para ese continuo y duro combate y ese equipamiento lo puede proporcionar la base nutricional NutriCare, especialmente fortalecida a través del empleo sistemático de la Línea Soja NutriCare, por el efecto antioxidante, indudable, que manifiestan las isoflavonas. Basados en la argumentación científica, el uso adecuado de los productos NutriCare, sitúa a sus consumidores en el terreno más favorable para mantener la salud y prevenir enfermedades sobre todo las degenerativas. Los productos de Soja NutriCare continene ácidos grasos insaturados Omega 3 y 6, nutrientes beneficiosos y protectores de tu bienestar. Los productos de esta línea incluyen Crema de Espárragos, Pasta a los Cuatro Quesos, Batido de Chocolate y Batido de Vainilla.